Escuela de Caza de la Fuerza Aérea

Herencia de gloria y presente de excelencia

Por Comodoro Matías Orefice

Dentro de todas las especialidades que trabajan para el cumplimiento de la misión de la Fuerza Aérea Argentina, existe una que necesariamente se destaca del resto: la Aviación de Caza. No porque estos aviadores sean mejores ni más importantes que el resto de los integrantes de la Institución, sino porque ellos encarnan la razón de ser de una fuerza que existe para defender la soberanía argentina desde el aire. No existe posibilidad de defensa del espacio aéreo soberano ni contribución posible a la maniobra del resto de los componentes del Instrumento Militar sin aviones y sin aviadores de caza. El orgullo de pertenecer se respira en todas las unidades, y el Conflicto del Atlántico Sur puso de manifiesto que hace cuarenta años los británicos debieron enfrentar a un verdadero equipo de guerreros.

Crédito: Juan Manuel Barragan

El empleo del avión como arma en sí misma y no como un simple complemento de otras ramas del ejército ya se visualizaba en los épicos combates aéreos de la Primera Guerra Mundial. Las ideas y enseñanzas recogidas por los beligerantes en los cielos europeos llegarían a nuestro país de la mano de las misiones aeronáuticas extranjeras y de la experiencia recogida del envío de oficiales argentinos al exterior. Poco a poco a las escuadrillas de observación se le agregaron las de caza y de bombardeo. A partir de enero de 1922, comenzó a funcionar la primera Escuadrilla de esta especialidad dentro de la estructura del Grupo Nº1 de Aviación (Base Aérea Militar El Palomar) comandada por el capitán Antonio Parodi, pero se considera como el nacimiento de la Aviación de Caza el día 22 de junio de 1931, al activarse el Grupo de Caza N°1 a los mandos del eximio y valeroso teniente Primero Claudio Armando Mejía.

El establecimiento de nuevas bases aéreas, la creación del Comando de Combate, la llegada al país de los Gloster Meteor (primeros aviones a reacción en Sudamérica) y la incorporación del radar en 1950 fueron estableciendo los hitos en el crecimiento de la especialidad. Fue sin duda la incorporación del F-86 Sabre en 1960 y la creación en 1968 de la Escuela de Caza en Mendoza, quienes terminaron de dar forma a un perfil que se venía cimentando en la medida que el poder aéreo iba alcanzando la madurez.

Crédito: FAA

La Escuela de Caza

Luego de la desactivación del Grupo 2 de Caza Bombardeo (CB 2) en la VII Brigada Aérea, se reactiva, el 1 de enero de 1968, el “nuevo” CB 2 en la IV Brigada Aérea, recibiendo como dotación treinta MS-760 Morane Saulnier del Comando de Operaciones Aéreas iniciándose la tarea de la capacitación de los aviadores seleccionados para convertirse en Pilotos de esta especialidad de la Fuerza Aérea Argentina. Quedó así constituida la “Escuela de Caza”, embrión de lo que actualmente es el Curso de Estandarización para Aviadores de Caza (CEPAC) asignándole como misión la de impartir instrucción aérea al personal de aviadores militares que se designaran a fin de obtener personal adiestrado para las unidades de combate.

La creación de esta Escuela demostró, en poco tiempo, ser una medida acertada y de gran proyección. No sólo normalizó el empleo y los procedimientos de las unidades de combate de la Fuerza Aérea, sino que racionalizó el uso del material aéreo y se obtuvo un mayor rendimiento al centralizarse el mantenimiento de las aeronaves destinadas al Curso. La existencia del CEPAC cubrió la necesidad de que los aviadores militares desarrollaran los conocimientos, habilidades, destrezas, hábitos y actitudes necesarios para afianzar las características de la personalidad militar y para satisfacer los niveles de idoneidad que impone ser un aviador de combate. En este particular curso, los alumnos  deberán acceder en el mínimo tiempo posible a su aptitud para el combate, es decir, tener la idoneidad necesaria para realizar las tareas de Apoyo al Combate previstas en la doctrina específica y conjunta, poniendo en práctica los conocimientos y habilidades adquiridos en los diferentes Sistemas de Armas de dotación en la FAA. Quienes conocen de las exigencias, conocimientos (saber) y habilidades (hacer) necesarios en un Aviador de Caza saben que esto es una profunda realidad y por sus derivaciones así debe ser entendida. Muchas personas son capaces de recibir clases y volar en un avión, pero pocas son las que desarrollan las competencias, adquieren los conocimientos y encarnan el espíritu necesario de un aviador de con este tipo de especialidad.

Los escudos en la ropa de vuelo del piloto son importantes símbolos externos que lo vinculan con el pasado y que sirven para reforzar el sentido de identidad y pertenencia basada en valores y principios. Luego de cumplidas las exigencias curriculares y realizado el Primer Vuelo Solo en la aeronave IA-63 Pampa II, una Orden de Grupo autorizará a los oficiales cursantes a portar el pañuelo y los escudos del Escuadrón I y del CEPAC, éste último hoy utilizado por todos los tripulantes del Grupo 4 de Caza y muestra un avión de reacción, indefinido, en actitud de ascenso, como expresión de la constante búsqueda de la superación tecnológica sobre un campo inferior color naranja representando el hábitat cordillerano mendocino y el campo superior celeste representa el cielo.

El lema “SER MÁS”

Está inspirado en la Encíclica “Populorum Progressio” del Papa Pablo VI. Es la aspiración de ser mejores tanto en faz profesional como humana, promoviendo el progreso y la superación de los hombres como forma de encontrar su verdadero destino, exhortándolos a potenciar sus aptitudes y cualidades a partir de la educación recibida y del esfuerzo personal, a hacer uso de su inteligencia y voluntad para “crecer en humanidad, valer más, ser más”Este lema no tiene nada que ver con mezquindades, arrogancia o egoísmos: la filosofía del aviador de caza debe ser la total disposición de cuerpo y mente a ser más instruido, a conocer más, a investigar más y a mejorar lo aprendido través de la instrucción.

El piloto con esta especialidad debe estar dispuesto a adquirir la sabiduría necesaria para cumplir con las tareas y conducir a otros cuando sea necesario, a ser profesionales, y a su vez honrar con la tarea diaria a quienes antes han entregado su vida en defensa de la soberanía nacional, marcando una trayectoria a seguir dentro de la Institución. No es más ni menos que la muestra de que la carrera militar demanda un verdadero espíritu de sacrificio y la indispensable vocación de servicio. El argentino que decide a abrazar la profesión de armas debe ser movido por el compromiso, la vocación y la firme creencia de que el bien común de la Nación está por encima de todo lo demás. En el aviador de caza todos estos valores se conjugan en el noble y desinteresado deseo de servir a la Patria con la conciencia de lo que significa la Defensa Nacional y el costo que esta supone. El testimonio de los héroes caídos en la defensa de nuestra soberanía en 1982, junto a todos quienes dieron su vida en cumplimiento del deber es prueba irrefutable de ello.

Crédito: FAA

La “garra” del piloto

Dado que desde los primeros combates aéreos el éxito sólo se obtenía cuando los mejores aviones eran operados por los mejores preparados y aguerridos, tradicionalmente se ha relacionado al aviador de caza con los felinos o con las aves rapaces, normalmente con un halcón o con un águila. Esta típica cualidad exigida una destreza física como una aptitud moral. Se necesitaba conocimiento y habilidad técnica para volar el avión, pero se necesitaba pasión y espíritu guerrero. Se requería “garra”, típica arma en las manos del felino, se convierte en la elocuente definición metafórica del espíritu cazador. Es así que cuando hay un piloto enfrentando a otro y la derrota para uno de los dos significa la muerte, la garra se convierte en el requisito indispensable de la personalidad de estos pilotos y los diferenció de los tripulantes de otras ramas de la aviación.

Crédito: FAA

Desde 1944, el entonces Regimiento 3 de Ataque de la IV Brigada Aérea, adopta una pantera negra alada, en actitud de saltar sobre su presa, insertada en un círculo atravesado por una flecha acompañando el salto de la pantera como escudo a ser llevado en el buzo de vuelo. Y a partir de 1945, este emblema fue pintado en el costado izquierdo de la cabina, por encima de la matrícula de las aeronaves. La pantera con sus garras extendidas forma parte del espíritu de todos los integrantes de la Unidad, sin distinción de jerarquías, cuerpos o especialidades, pero son los pilotos de nuestras aeronaves de caza, los que llevan la responsabilidad de hacer rendir el esfuerzo de todos.

El tradicional Curso CEPAC

Estos programas están en constante revisión en base a las observaciones de los profesores que llevan adelante la instrucción, al aporte de instructores llegados de comisiones en unidades de fuerzas aéreas extranjeras que se incorporen dentro del plan de intercambios de la Fuerza Aérea. De este modo se introducen permanentes cambios y mejoras luego de un exhaustivo proceso de validación que asegura el mantenimiento de la calidad en el proceso de formación del aviador de caza argentino.

Son fundamentalmente los oficiales instructores quienes trabajan en el aula y en la cabina para alcanzar los perfiles establecidos en los planes y de mantener los estándares de excelencia en los cursantes. No importa el avión, el lugar ni la época: el instructor es la piedra fundamental de este curso, ya que representan un ejemplo diario en actitud, preparación y compromiso. Ellos conocen, cuidan y dedican tiempo a sus alumnos,  además de ser destacados aviadores de caza son buenos maestros y saben escuchar; exigen, evalúan, pero sobre todo mantienen alta la motivación y las ansias de superación de los cursantes. Son la pieza clave en la formación de líderes y guerreros de esta especialidad.

El instructor debe encarnar los atributos del brigadier Claudio  Armando Mejía, quien fuera declarado como “Modelo de los Cazadores Argentinos”, y que desde 2021 es el Piloto Insignia del Grupo 4 de Caza: habilidad, conocimiento, compromiso, alegría y camaradería, y los valores que deben ser guía para un militar y un aviador de la especialidad: integridad, lealtad, compromiso, liderazgo y la disciplina del piloto de caza.

El CEPAC tiene una larga tradición en la preparación de alumnos de esta especialidad  y año a año se han mantenido los estándares de excelencia en el convencimiento de que se están preparando hombres y mujeres para pelear en el aire para la defensa nacional, tal como quedó demostrado en el único enfrentamiento bélico convencional de la República Argentina del siglo pasado. Durante la batalla aérea librada por la recuperación de las Islas Malvinas se puso de manifiesto la calidad en la selección y adiestramiento de los aviadores argentinos, pero en particular los de caza, que nos dieron los laureles y que nos hicieron famosos a nivel mundial supieron desarrollar la garra de la pantera y espíritu cazador del halcón. Fueron serenos y valientes, decididos, pero pacientes, confiados y perseverantes, fuertes y dignos. El legado recibido de nuestros héroes de la Guerra de Malvinas es que un piloto de caza siempre debe poder sacar lo mejor de sí mismo y de su avión y por sobre todo, sin importar lo difícil de una situación, jamás debe darse por vencido.

Crédito: FAA
Crédito: Web

La tendencia mundial en la preparación de estos aviadores, es hacia el desarrollo de competencias más allá de las simples mecánicas tradicionales, apuntando al desarrollo de aquellas como la conciencia situacional, la priorización de tareas, la administración y procesamiento de información, la administración del riesgo, las capacidades multitarea, el pensamiento cognitivo, la estricta disciplina de vuelo y la toma de decisiones dentro de un contexto dinámico. Las causas de este cambio son varias: el progreso tecnológico, los nuevos desarrollos doctrinarios y la evolución de los ambientes operacionales actuales, caracterizados por ser multiamenaza, dinámicos, complejos y multidominio. Pese a estos cambios sigue siendo el hombre o la mujer a los mandos de un avión quien decide la suerte del combate aéreo. Los nuevos cazadores no deben olvidar que en la contienda el piloto egoísta y temerario muere joven, pero el bravo y prudente que se sabe parte de un equipo, sobrevive para nuevos combates. Los lobos solitarios son cazados, los que combaten en equipo sobreviven para brindar por sus éxitos. El piloto sabe que mucho de su entrenamiento y sacrificio es individual, pero para el triunfo también debe pensar y pelear en equipo.

Pese a las exigencias del Curso y a lo elevado de los estándares que se intentan mantener, la actividad de formación del futuro aviador de caza busca la motivación intrínseca del personal realizando el CEPAC, de manera profesional, disfrutando con pasión y si se puede, con alegría cada actividad y cada vuelo.

Crédito: FAA

1 comentario en “<strong>Escuela de Caza de la Fuerza Aérea</strong>”

  1. EDGARDO ROMERO CARDOSO

    Excelente descripción de la Escuela de Caza señor Comodoro, muy instructivo el aporte de la actividad y su trayectoria en tantos años formando cazadores.

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