El telescopio Roman inicia una misión para ampliar la mirada sobre el universo

El observatorio de la NASA despegó el 30 de agosto desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, a bordo de un Falcon Heavy de SpaceX, para comenzar un viaje hacia una región situada a cerca de 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.

El lanzamiento tuvo lugar a las 7:26, hora del este de Estados Unidos, desde el Complejo 39A. Unos 31 minutos después, la nave se separó de la segunda etapa del cohete y continuó el recorrido por sus propios medios. Los controladores establecieron comunicación durante el ascenso y confirmaron el funcionamiento de los sistemas iniciales.

Su destino es el segundo punto de Lagrange Sol-Tierra, conocido como L2, donde permanecerá unos tres meses, tiempo durante el cual los equipos encenderán, probarán y calibrarán los instrumentos antes del comienzo de la actividad científica.

Los primeros pasos ya se completaron. Los paneles solares quedaron desplegados poco después de abandonar el lanzador y, el 31 de agosto, el vehículo realizó una maniobra de casi tres minutos para ajustar el rumbo. También extendió la antena de alta ganancia y un parasol encargado de impedir que la luz no deseada ingrese al conjunto óptico.

La nueva plataforma buscará respuestas sobre algunos de los grandes interrogantes de la astronomía moderna. Entre sus objetivos aparecen el estudio de la materia y la energía oscuras, la evolución del cosmos y la búsqueda de planetas fuera del Sistema Solar. Su capacidad para observar grandes regiones permitirá, además, generar un enorme archivo de información disponible para la comunidad científica.

Una de sus principales características está en el campo de visión. El espejo primario mide 2,4 metros de diámetro, una dimensión similar a la del Hubble, pero el instrumento principal podrá abarcar una superficie del cielo al menos cien veces mayor. Esa combinación permitirá realizar relevamientos extensos con un nivel de detalle que, hasta ahora, requería numerosas observaciones.

El Wide Field Instrument será la herramienta central para esa tarea. A través de imágenes y espectros en longitudes de onda infrarrojas, podrá estudiar grandes poblaciones de galaxias y reconstruir cómo cambió la estructura del cosmos a través del tiempo. La cantidad de información prevista obligó a incorporar una antena capaz de transmitir hasta 500 megabits por segundo hacia estaciones terrestres.

A bordo también viaja el Coronagraph Instrument, diseñado para bloquear el brillo de estrellas cercanas y observar objetos mucho más débiles en sus alrededores. Esta demostración tecnológica pondrá a prueba recursos destinados a obtener imágenes directas de exoplanetas y discos de material donde pueden formarse nuevos mundos.

El nombre de la misión rinde homenaje a Nancy Grace Roman, primera astrónoma jefa de la agencia estadounidense y una figura decisiva en el impulso de observatorios fuera de la atmósfera. Su trabajo contribuyó a sentar las bases que, décadas después, hicieron posible el Hubble, razón por la cual es recordada como una de las grandes impulsoras de la astronomía espacial.

El viaje hacia L2 continuará durante las próximas semanas, mientras avanzan las verificaciones. El coronógrafo ya comenzó su activación, y luego llegará el turno del instrumento de campo amplio. Si el cronograma se cumple, las primeras imágenes serán difundidas a comienzos de 2027.

Roman entra así en una etapa en la que cada maniobra permitirá preparar una herramienta concebida para observar una porción mucho mayor del cielo. Después del exitoso despegue, el próximo desafío será completar la puesta en servicio y comenzar una misión que, durante al menos cinco años, intentará aportar nuevas pistas sobre la historia del universo y los mundos que existen más allá del nuestro.

Fuentes y fotos: NASA

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