Por Alfredo Martínez

Fotos portada: kodefen.com

Los sistemas anti-drones son un conjunto de equipos que bloquea o elimina de un determinado espacio a un dron no habilitado para circular tanto sea por aire, tierra o agua.

Gentileza: flickr

Estos, poseen dos características diferenciales: los de tipo radar fijo, antenas instaladas en un lugar específico, conectadas con sistemas de vigilancia y sin línea de vista que operan a distancias no mayores a una decena de kilómetros del centro de instrucciones. Los mismos, emiten una señal de radio frecuencia que bloquea la propia del dron ilegal haciendo que este se precipite a tierra o quede desafectado.

También hay sistemas que permiten tomar el control del dron no autorizado, capturarlo y dirigirlo a donde se desee.  Por otro lado, están los del tipo pistola o jammer (bloqueador), diseñados en forma de arma donde una persona, manualmente desde un aparato portátil, lanza una señal de radio que inhibe el GPS del dron, lo bloquea y lo derriba. Los jammer, a diferencia de los del tipo radar, necesitan línea de vista y suelen tener un alcance de entre uno o dos kilómetros como máximo.

Hoy en día, los sistemas de vigilancia son más útiles y demandados debido a la popularidad alcanzada por los drones de fácil operatividad y acceso para el público en general. Cabe mencionar que, por el momento, no existe reglamentación ni permisos especiales para circular, salvo las limitaciones del espacio aéreo reguladas por cada país.

La amenaza que esto implica para la aviación es real; ya que puede ocasionar daños catastróficos al colisionar con una aeronave o interferir en las comunicaciones. En el año 2018, el aeropuerto londinense de Gatwick tuvo que cancelar casi mil vuelos por la presencia de un dron cerca de las pistas, dejando a más de 140 mil pasajeros varados hasta que se logró desafectar al artefacto, para luego reanudar las actividades aeroportuarias.

Otro de los peligros es que las organizaciones terroristas están utilizándolo drones artillados como armas de combate. Si bien, las posiciones fortificadas pueden tener sistemas de radares fijos para detección y derribo (cúpulas protectoras), la seguridad de las personas es muy vulnerable fuera del alcance de los radares. En la noche del 5 al 6 de enero de 2018, trece drones de fabricación casera, pero provistos con herramientas altamente sofisticadas, como GPS satelital y sensores de control de altitud, atacaron dos bases rusas en Siria. La ofensiva rusa pudo contrarrestar el ataque con unidades de guerra electrónica (inutilizando a los mismos hasta hacerlos aterrizar) y sistemas misilísticos de defensa aérea. Se supone que estos, fueron lanzados desde unos 50 km de distancia y que, por sus características, podrían haber llegado a los 100 km.

Los sistemas anti-drones básicamente contrarrestan los peligros originados por la presencia de un dron en una zona determinada, ayudando a crear franjas seguras y libres de amenazas como pueden ser la contrainteligencia (con vigilancia a través de cámaras de video), el envío de paquetes no autorizados (trasladando drogas o armas), así como el ataque a través de drones artillados, o autodestructores.

La seguridad de organismos gubernamentales y privados, como una cárcel, zonas militares, entidad financiera, una propiedad privada o hasta obras de infraestructura importantes, —como una represa, un monumento histórico, un estadio deportivo o un evento cultural— pueden ser custodiados por este tipo de tecnología que cada día crece más, protegiendo tanto los bienes materiales como la seguridad de las personas al vigilar el espacio aéreo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *