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El 10 de octubre de 1927 se inauguró la entonces Fábrica Nacional de Aviones, actual FAdeA, planta fabril que se convirtió en un ícono industrial de nuestro país. Compartimos una reseña de su rica historia.

 

A continuación ofrecemos un artículo publicado en aeroespacio 549, con motivo de los 75 años de "la Fábrica". En el momento de su publicación -fines de 2002- hacía siete años que la Fábrica Militar de Aviones había sido concesionada al conglomerado estadounidense Lockheed Martin, y todavía faltaban otros siete años para que el Estado argentino retomara el control de esta planta estratégica, denominada desde entonces Fábrica Argentina de Aviones "Brigadier San Martín". El artículo fue escrito por el Brig. My. (R) Ing. Aer. Antonio C. Burgos, quien se desempeñó como Director General de Producción de DINFIA en 1965 y 1966, y Director de la Fábrica Militar de Aviones en 1976 y 1977. Con esta semblanza y nuestro anhelo de un venturoso porvenir, la revista aeroespacio saluda a todos los que trabajaron y trabajan en este complejo industrial, orgullo de nuestro país.


"(...) Para escribir la historia de la Fábrica Militar de Aviones es necesario ubicarnos al comienzo de los años '20 (del siglo pasado), cuando en el mundo los aviones recién estaban viviendo sus primeras experiencias de algo más de una década, con vuelos modestos pero atrevidos, audaces pero confiados, en manos de hombres que querían un futuro por el que se jugaban y en el que creían. Y es necesario ubicarnos no sólo en aquellos tiempos sino también en estas latitudes, en el extremo sur del continente americano, poco menos que en las antípodas del entonces mundo desarrollado que marcaba enormes diferencias.

Eran tiempos en que los hombres se ilusionaban con vocaciones temerarias pero generosas, confiados más en el esfuerzo personal que en especulaciones calculadas. Así fue desde el comienzo la actividad aérea –que se desarrollaba en el ámbito de Ejército–, como lo demuestra claramente el siguiente párrafo del discurso que pronunció en Mendoza el 2 de mayo de 1921, el entonces Director del Servicio Aeronáutico del Ejército, Coronel Enrique Mosconi:

"El hombre del espacio vive y adquiere aptitudes, cualidades y empujes que no puede desarrollarse en el llano. Desde su nacimiento la aviación ha efectuado progresos magníficos. Tiene realizaciones maravillosas, pero, de todos los progresos que son enormes, el más grande reside en el corazón del hombre, que respirando en las nubes, ha desarrollado nuevas fibras y tiene otro latido que espera al fisiólogo que lo defina, al psicólogo que lo explique y al poeta que lo cante".

 

Y eran aquellos hombres en aquellos tiempos los que en el orden nacional vivieron con preocupación el desequilibrio regional en temas de Defensa, y la consecuente determinación de reequipar las Fuerzas Armadas. Esto llevó a una serie de adquisiciones, dentro de las cuales se destaca el criterio adoptado por quienes tuvieron la responsabilidad de equipar la Aviación del Ejército (antecesora de nuestra actual Fuerza Aérea Argentina). Este criterio fue el de sustituir la compra de aviones por la adquisición de la capacidad y los medios para fabricarlos en el país. En la concepción de esta idea, en la propuesta y en su implementación, fue pieza clave el entonces mayor Francisco de Arteaga (foto junto a estas líneas), quien con el grado de capitán, en la década anterior había sido comisionado a Francia para estudiar la incipiente ingeniería aeronáutica, y en quien recayó la responsabilidad de concretar una fábrica de aviones en nuestro país.

Por otra parte, las concepciones estratégicas de aquellos tiempos recomendaban ubicar las instalaciones militares alejadas de costas y límites internacionales, razón por la cual Arteaga propuso la instalación de la proyectada fábrica de aviones en el interior, inclinándose por Córdoba, seguramente influido por la existencia de una Universidad con capacidad como para confiarle la formación de profesionales adecuados a exigencias científicas y técnicas de una industria de avanzada como entonces lo era.

La personalidad y las convicciones de Arteaga, indudablemente sumadas a las vinculaciones personales y al prestigio de que gozaba entre quienes tenían la responsabilidad de conducir y resolver (Presidente de la Nación: Alvear, Ministro de Guerra: General Justo, Gobernador de Córdoba: Dr. Cárcano) vencieron las objeciones que seguramente habrán presentado los que defendían los intereses de la Capital, hasta que finalmente se dispuso expropiar los terrenos necesarios para este proyecto en las proximidades de la ciudad de Córdoba, en un sector conocido como Las Playas.


Cumplidos los trámites y las exigencias de rigor, el 19 Nov '26, se coloca la piedra fundamental de la inicialmente llamada Fábrica Nacional de Aviones. Y aquí hay algo digno de destacar: el 10 de octubre de 1927 ¡menos de un año después! se inaugura la fábrica, bajando las palancas que conectan la energía eléctrica para que comiencen a funcionar las máquinas ya instaladas, y así iniciar la fabricación de piezas de lo que sería el primer avión de producción nacional, un Avro Gosport de un total de 16 construidos bajo licencia inglesa, que hizo su primer vuelo el 20 Ago '28, diez meses después de inaugurada la planta .

Imaginemos la precariedad de las condiciones de la época, las comunicaciones, los caminos, los transportes, la falta de medios técnicos. Los actores de entonces contaban que los cajones pesados con las máquinas-herramientas o los motores de la usina que llegaban del exterior, se trasladaban desde la más cercana playa de descarga del ferrocarril, en la estación Las Playas, a unos tres kilómetros a campo traviesa, sobre rodillos hechos con troncos de árboles.

Así eran aquellos hombres, funcionarios, militares, políticos, operarios, peones... todos, que se sentían y se sabían argentinos, que amaban y se jugaban por la Patria, que los unía con una fuerza que permitía superar las dificultades, las diferencias, los enconos y las discordias que seguramente no habrán faltado.

Allí surgieron los gérmenes de aquella Fábrica Militar de Aviones de Córdoba, producto de la iniciativa, del profesionalismo y de la perseverancia de hombres de la misma estirpe que aquellos que sentaron las bases de lo que es hoy la Fuerza Aérea Argentina.


Allí surgieron también los aviones que fueron necesarios para que la Fuerza Aérea pudiera formar a la gran mayoría de las promociones de aviadores militares. Para ello no hay más que recordar y rendir homenaje a los Focke Wulf, a los D.L., a los Mentor, a los Moranne Saulnier, sin olvidar a los primeros Avro Gosport, a los Dewoitine, a los Ae. C. 1 y 2, a los Ae. Me. 1, a los Ae. T. 1, a los Curtiss Hawk. Así como posteriormente a los Calquín, Huanquero, Guaraní G-II, Pucará y Pampa, que brindaron (algunos de ellos todavía brindan), miles de horas de entrenamiento a nuestro personal.

Además, en esa misma fábrica, se produjeron para algunos de esos aviones los necesarios motores (bajo licencia o de diseño propio), así como todas sus partes estructurales, hélices, accesorios instrumentos, en muchos casos recurriendo a la industria argentina, a la que generó, motivó, transmitió tecnologías y orientó en controles de calidad.

Desde su fundación fue el excluyente centro de mantenimiento y reparaciones de gran parte del material de la Fuerza Aérea, hasta la década del '40, en que comenzó a compartir esa responsabilidad con los Talleres Regionales (Río Cuarto y Quilmes, hoy Areas de Material).

Pero la Fuerza Aérea le debe a aquella Fábrica Militar de Aviones, algo igualmente importante y más trascendente: le aportó su propio prestigio, consideración y respeto, ganados no sólo dentro sino también fuera del país. Y ello como consecuencia de haberse mantenido fiel a su impronta original y al papel que espontáneamente asumió como promotora técnico-industrial ante una Córdoba que la acogió y la consideró siempre como propia, a la que transformó de una cálida y querible ciudad mediterránea universitaria y artesanal en un polo industrial de primer orden con importante influencia en el resto del país.

 

Este papel ejercido por la Fábrica Militar de Aviones, motivó que se hiciera merecedora del título de "Fábrica de Fábricas", que se acuñó en oportunidad de sus Bodas de Oro, celebradas en 1977. Y generó también la iniciativa de la Cámara de Industriales Metalúrgicos de Córdoba de erigir, en representación de toda la industria cordobesa, un monumento en homenaje a los 50 años de existencia, que fue emplazado justamente en la plazoleta "Mayor Francisco de Arteaga", donde comienza la Avenida Fuerza Aérea Argentina, por la que se accede a la Guarnición Aérea Córdoba integrada por los institutos de incorporación y formación del personal de la Fuerza, que se fueron radicando en vecindades de la ya entonces tradicional fábrica.

No es ajena a aquel prestigio, consideración y respeto la actitud asumida por sus autoridades en tiempos en que, con los nombres de Instituto Aerotécnico (1943), Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (IAME, 1952) y Dirección Nacional de Fabricaciones e Investigaciones Aeronáuticas (DINFIA, 1955), afrontaron el compromiso de poner al servicio del país todas sus capacidades, humanas y materiales, para la investigación, el desarrollo y la fabricación de bienes de los que se carecía de importación durante y después de la II Guerra Mundial.


De ella surgieron no sólo aviones, motores, hélices, instrumentos y accesorios de uso aeronáutico, sino también los primeros automotores, tractores, motos y motores de concepción y fabricación nacional. Y fue también la fábrica la que puso en comprometida exigencia a los industriales argentinos de entonces que respondieron con vocación, voluntad y entusiasmo, permitiendo una vigorosa reacción en nuestro país ante las críticas circunstancias post-bélicas del comercio internacional. Consustanciados con esos tiempos están los nombres de los aviones DL, Calquín, Huanquero, Ñancú, Pulqui, de los motores Gaucho e Indio, de los Rastrojero, de los Institec, de los tractores Pampa, de las motos Puma, nombres algunos que perduraron en la historia de Córdoba.

Esa misma vocación y sentir nacional movió a las autoridades de la fábrica a buscar y lograr acuerdos con grandes empresarios en el ámbito internacional que estuvieran dispuestos a radicar sus industrias en nuestro país. Así se logró que Industrias Kaiser, de Estados Unidos, instalara una planta de automóviles en Córdoba; más tarde, que el Grupo Fiat, de Italia, se hiciera cargo en Ferreira, Córdoba, de la fábrica de tractores, y a continuación, que Perkins, de Inglaterra, continuara también en Ferreira una planta de motores diesel. En los tres casos, tratándose de industrias básicas, de primera necesidad, con distintos países de origen, contaron con el aporte de la Fábrica Militar de Aviones constituido por instalaciones, equipamiento y personal, equivalente al 51% del capital inicial.

Tampoco escapa a los méritos de la FMA, sus investigaciones sobre las calidades de las maderas nativas existentes en todo nuestro territorio, que si bien estaban motivadas por la necesidad de reemplazar maderas importadas para la industria aeronáutica, brindaron un importantísimo servicio a la totalidad de la industria maderera nacional.

 

También debe mencionarse el importante desarrollo de la actividad aeroespacial, tanto en investigaciones, como en tecnologías, capacitación de especialistas, así como en la producción de cohetería (motores y vehículos), todo lo cual posibilitó que la nuestra se ubicara entre el reducido grupo de naciones con aptitud de ejecutar sus propias campañas de lanzamientos y pudiera participar en proyectos compartidos con países de avanzada.

En esta apretada síntesis no puede dejar de mencionarse al Pulqui I, de diseño propio, primer avión de reacción producido fuera del grupo de las grandes potencias, que evidenció la existencia de profesionales argentinos (ingenieros, proyectistas, dibujantes, técnicos, operarios, así como una cantidad de otras especialidades) con capacidades propias, que permitió que un grupo reducido pero destacado de ingenieros extranjeros incorporados por la FMA pudiera poner en vuelo cinco ejemplares prototipo del Pulqui II, que se constituyó en el primero en el continente de aquella nueva generación de reactores decididamente de combate que voló en el continente, anticipándose incluso al F-86 de los EE.UU. de características equivalentes. Este desarrollo produjo un reconocimiento internacional importante a la industria aeronáutica argentina disponible en la FMA en la década de los '50.

 

Es mucho lo que debería escribirse de la rica historia de la Fábrica Militar de Aviones que a lo largo de esa trayectoria mantuvo su espíritu de unidad, su conciencia de identidad, su sentido de pertenencia al medio aeronáutico, pese a los enormes cambios sufridos desde su creación, no sólo en cuanto a órbitas de dependencia, sino a las personalidades de quienes la condujeron, así como a las circunstancias políticas de las que no pudo abstraerse. Todo ello, como no podría ser de otra manera, hizo inevitable que su historia estuviera jalonada por aciertos y errores, éxitos y fracasos, tanto de personas cuanto institucionales o políticos.

La circunstancia de que la evocada FMA haya dejado de pertenecer a la FAA no debe impedir este homenaje a los muchos que participaron en escribir su historia poniendo ilusiones y esfuerzos, dedicación y sacrificio.

"La Fábrica", como en Córdoba siempre se la reconoció, sin aditamento alguno, cumplió como importante pieza del poder aéreo nacional, tal como la tuvieron en mente y en corazón aquellos hombres que la concibieron, la crearon y la desarrollaron, quienes hacían honor a aquellas recordadas palabras del entonces coronel Mosconi, que siguen vigentes como lo demostraron al mundo los hombres de la Fuerza Aérea con el extraordinario ejemplo de profesionalismo, coraje y sacrificio ante situaciones límite, como lo fue el caso de la guerra por nuestras Malvinas".

  

Fotos: archivo aeroespacio / gentileza FAdeA

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